Cómo organizar la despensa (y la nevera)
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Una despensa ordenada no sirve para hacer fotos bonitas: sirve para ver lo que tienes, para no comprar dos veces ni dejar que nada caduque. Este es un método en seis pasos.
1. Vacíala y haz inventario
Una sola vez, sácalo todo. Tira lo que de verdad haya que tirar (recordando que "consumir preferentemente" no significa caducado), agrupa los duplicados y apunta lo que tienes. Es el momento en que descubres los cuatro paquetes de bicarbonato.
2. Divide en zonas
Agrupa por uso, no por la forma del envase: desayuno, pasta y arroz, conservas y salsas, condimentos y especias, aperitivos. Los productos de limpieza, separados de los alimentos. Así sabes dónde buscar y dónde volver a guardar.
3. Que todo se vea
- Lo que más usas a la altura de los ojos, las reservas arriba o abajo.
- Recipientes transparentes para pasta, arroz, harina y cereales: ves enseguida cuánto queda.
- Si trasvasas, escribe la fecha en una etiqueta.
- Lo nuevo detrás, lo antiguo delante.
4. La nevera tiene sus zonas
- Carne y pescado crudos en la balda más baja, en un recipiente, para que no goteen sobre lo demás.
- Sobras y platos preparados en las baldas altas, bien a la vista.
- Fruta y verdura en los cajones.
- La puerta es la zona menos fría: mejor para bebidas, salsas y condimentos.
- La temperatura correcta está entre 0 y 5 °C; un termómetro de nevera cuesta poco.
5. Decide un stock mínimo
Para todo lo que nunca debe faltar, decide un mínimo: dos paquetes de pasta, un litro de aceite, un paquete de café. Cuando bajas de ahí, va a la lista. Es la regla que convierte la despensa de "ojalá quede" en "sé que hay".
6. Diez minutos a la semana
Una vez a la semana, antes de la compra: mira lo que está a punto de caducar (y planéalo en las próximas comidas), comprueba lo que está bajo el mínimo y actualiza la lista. Diez minutos que te ahorran carreras al súper y comida tirada.